Lo primero, con mucho cuidado de no urticarnos, recogemos las ortigas que salen por nuestro huerto y por el resto del patio.
Las metemos en un cubo y las machacamos bien.
Le añadimos agua
y luego las dejamos macerar en un sitio oscuro (las hemos metido dentro de la compostera para evitar los malos olores que se producen en la fermentación) y a esperar hasta que esté listo.




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